Mostrando entradas con la etiqueta escribir un libro. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta escribir un libro. Mostrar todas las entradas

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Cuando nace un libro

Cuando nace un libro, es casi inevitable alguna incertidumbre de sus progenitores, que los carcome en grado proporcional a su ansiedad. ¿Cómo irá creciendo e interactuando con el mundo? ¿Gustará la personalidad de esta criatura? ¿Hacia qué lectores irán sus expresiones? ¿Apreciarán por lo menos su presencia o lo dejarán en el rincón del olvido? ¿Se verá armoniosa la conformación de su estructura, su organismo, o habrá algún detalle de su personalidad que guste más que otros? ¿Será interpretado correctamente su objetivo de ser tal?


A veces el lector (su interlocutor), no llega a tener ni la mínima idea (no tiene por qué tenerla) de las circunstancias y peripecias sobre el entorno de su gestación. ¿Qué sueños anduvieron influyendo en la labor creativa? ¿Qué objetivos, anhelos, llevaron a darle vida? ¿Fue sólo hedonismo puro, sólo satisfacción personal, o hubo un propósito superior que guió los trazos de la tinta? ¿El sémen de qué ideal fecundó la matriz que lo concibió?


...De repente, el libro empezó a caminar, y fue por caminos insopechados. Se puso frente a diferentes reacciones: sorpresa, impacto, prejuicios, adulaciones, genuínos halagos, y, sobre todo, bastante indiferencia.



Todo esto, en primer lugar, tiene que ver con que, nadie nace escritor; en segundo término, muy pocos escritores habrán tenido como primera actividad profesional la escritura; salvo casos excepcionales, donde ciertos favorecidos, han tenido en el seno familiar, o fuera de él, algún apoyo proveniente de un mecenas o algo similar. Tercero: no existe una academia donde se aprenda específicamente a ser escritor; menos aún, se puede aprender formalmente a ser poeta. A lo sumo, hay ciertos lugares educativos, (talleres por ejemplo), donde sí, en esos ambientes, se puede adquirir las herramientas, útiles a alguien que ya posea la fibra vocacional correspondiente. Pero la sustancia de su trabajo, cuando está bien hecho, no tendrá por componente, sólo el fruto del intelecto, sino que deberá poseer la profundidad que corresponde a lo espiritual; para así tener la posibilidad de alcanzar los estadios del arte.



¿Y dónde está el escritor, entonces? ¿Cuándo aparece y cómo? Sin dudas, el escritor, el poeta, ya estaba. Quizás, en la intimidad gestaba su obra, que será en definitiva la que lo hará visible como tal. Aparecerá en algún punto de su entorno donde interactúa. Por lo tanto, su actividad vocacional era esforzada y paralela a otras que sí le daban el sustento para vivir, o "sobrevivir", entre las peripecias de lo cotidiano. Esa actividad, no su vocación, era lo visible a los demás. Este personaje era solamente eso, en razón de la falta muy común del discernimiento humano, el desinterés, o también, la falta de comunicación de las partes. ¡Cómo podría ser un escritor, si siempre estuvo...!



De repente aparece con su obra, y entonces el impacto: ¡Y cómo!..., comentan, ¡yo no sabía!... Y así lo que sigue, donde se puede aplicar el dicho que dice: "Nadie es profeta en su propia tierra".

Me desvié del tema ¿verdad? El título ahora sería: Cómo nace un escritor. Pero, como decía alguien: "Todo tiene que ver con todo"



"Sobre la piel de la Tierra" (el nombre de la criatura que tratamos), sortea el pantano. Enfrenta los obstáculos de la ignorancia acerca de lo que es el ser, y el hacer poético. Se divierte y se apena con las diferentes formas de reacción de esa "aptitud", muchas veces deficiente, que tiene la valoración humana. Capacidad menguada, ¡tantas veces!, por la arrogancia, la envidia, o directamente el desprecio y la incomprensión.


Si embargo los hijos suelen dar satisfacciones; y devienen sorpresivas las menciones halagueñas; o algún discernidor comentario, y las críticas sinceras y valiosas.

El libro está creciendo entonces, junto a la interacción y afinidades que logra. Uno empieza a convencerse que ha sido válida la procreación.


J. C. L. Rojas

AMIGOS, GRACIAS POR VUESTRA PARTICIPACIÓN.